miércoles 30 de julio de 2008

La Metamorfosis no, Kafka si

La Metamorfosis de Kafka revoloteó en mi cabeza desde que estaba en la secundaria. Recuerdo que la profesora de lengua le llevo el libro a Daniela, una de mis compañeras, para que lo lea. Ella se lo devolvió a las dos semanas diciendo que había leído la primera hoja y le dio tanto asco que lo dejo. Me dio vergüenza ajena por ella. ¿Cómo no iba a leer el libro ofrecido con las mejores de las intenciones y justamente por la profesora? Y además ¿Cómo no abrirse a una historia tan nombrada?

Y de ahí nació mi intriga ¿tanto asco le dio a Daniela? Sabía que se trataba de una metamorfosis de un hombre en bicho, pero nada más.

Luego, en mis clases de literatura en Locución, leí un pequeño cuento de Kafka, “Ante la ley” que me gustó hasta ahí. Hoy lo volví a leer y me pareció fantástico.

Y siempre en pequeñas cosas La Metamorfosis aparecía por ahí y no hacia más que recordarme que me estaba esperando para ser leída.

Hace una semana Silvia, mi compañera de trabajo, me volvió a nombrar La Metamorfosis y me comentó de una obra de teatro del mismo nombre que se presentó en Rosario. Ella se quedó tan impresionada por el libro que tuvo curiosidad de cómo sería la representación teatral y fue a verla. No me comentó más.

Me dije a mi misma BASTA, tenía que leer el libro. Además sabía que era pequeño y no me insumiría mucho tiempo. Ahí mismo pase por la librería y lo compré.

Después de leer el “Estudio Preliminar” de La Metamorfosis, que también cuenta la vida y obra del autor, me adentré en la historia propiamente dicha. Me gustó pero no me interesa comentar sobre la misma porque no me sentí sorprendida por Kafka.

La razón de este post es Kafka pero no su famosa Metamorfosis. El librito que compre, que es muy pequeño incluye tres historias mas, escritas por este habitante del imperio austro-húngaro que nació en Praga el 1883, judío, y que murió en 1924 a los 41 años. Este post es sobre uno de sus cuentos “En la colonia penitenciaria.”

Este relato me sorprendió de comienzo a fin, es increíble. Una verdadera historia. Quizá porque soy terrenal y realista y no me gustan tanto las que se salen de este mundo e imaginan cosas. O porque todavía no encontré un autor que me demuestre que vale la pena escribir sobre cosas imaginarias e irreales. No me refiero a historias de niños, son hermosas las fabulas infantiles de Horacio Quiroga, de La Fountaine, ni al realismo mágico liderado por García Márquez, que, apropósito no es nada irrealista, me refiero a historias contadas para adultos. Y este cuento es realista en la máxima expresión del término.

Como dijo Borges sobre “En la colonia penitenciaria” “el argumento y el ambiente son lo esencial, no las evoluciones de la fábula ni la penetración psicológica.” Es una historia basada en una máquina encargada de dar la muerte a condenados sin juicio previo, solo la voluntad de una persona puede hacer terminar tu vida en esta máquina perforadora de cuerpos.

Feliz me encontré, o no tan desubicada de pensar a este cuento como una obra maestra. Cuando leí la opinión de Sábato sobre este cuento me encontré que la definió como una obra de las cuales hoy “puede disfrutar la humanidad.” Altamente recomendable.

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